Destino: Presa Alqueva. 340 km. 15 de Febrero.

    El día amaneció nublado, poco importaba porque después de tantas semanas de lluvias y de rutas por los alrededores el cuerpo pedía algo más de intensidad. Así que nuestro Capi nos propuso ir al Embalse de Alqueva, en la zona portuguesa sobre el río Guadiana.


    Salimos de San Bartolomé, previo café en el Hostal Andévalo, dirección Alosno pasamos por Cabeza Rubia, luego Santa Barbara con parada en Rosal de la Frontera, donde tomamos un cafelito en el Bar la Choza para coger energía. Desde este punto entramos en tierras lusas. Por cierto... si os pasáis por el bar está bien curioso fijarse en las fotos que hay en la pared del accidente, sin ánimo de ser morboso, que hubo allí hace ya algunos años.

    El primer pueblo portugués que nos pilló en la ruta fue Vila Verde de Ficalho, luego Safara, pasando por Moura para llegar finalmente al Embalse de Alqueva
Allí echamos un rato de lujo contemplando las magníficas vistas de la presa y del salto de agua tan impresionante que salia de ella. Coincidimos con un grupo moteros de Mérida con los que nos echamos unas risas, compartimos pegatinas y tuvimos la sesión fotografíca de rigor. 
Aquello nos pareció sin duda una verdadera proeza de la mano del hombre. Bestial! Más aun cuando desde 2002 no se habia desembalsado ni gota de agua, este año había conseguido llegar al máximo de su capacidad.

Peaso de grupo!!

Espectaculares las vistas.

Dejando nuestra huella por doquier.

    Echamos el rato disfrutando de la experiencia y las vistas para luego seguir con la ruta. Nuestro siguiente destino sería almozar por la zona y el lugar elegido fue sin duda excepcional, al menos por las vistas... aunque lo de almorzar mejor para otra esa ocasion, una historia digna de ser contada. 
Total, que nos fuimos al siguiente destino, un pueblo dentro de un castillo en lo alto de un cabezo, impresionante bonito y con unas calles donde sus esquinas bien se merecían unas cuantas de fotos, se trata de la freguesia de Monsaraz

    Aquí estuvimos un rato de guiri-tour por sus calles y buscando donde comer, mereció la pena detenerse para deambular por unas las vistas.... chapó! 

Vistas panoramicas desde el mirador.

Entrada al pueblo

Calle por las que da gusto pasear.

B&B a las puertas de la ciudad.

    Después del estiramiento de piernas almorzamos y le dimos de comer a las bestias, que estaban más seca que nosotros 

    A cosa de las 17:00, buena hora para terminar la escapada, nos dispusimos a volver a nuestro territorio comanche... con la sensación  en el cuerpo que el día nos acompañó sin lluvia ni nada de ese viento molesto de días anteriores. 
La vuelta fue tranquila, sin sorpresas. Aunque algunos de nuestros energúmenos de siempre le dimos unos buenos arreones de orejas a los bestias ya entrando por el Andévalo y hasta llegar a casa, la luz del ocaso lo merecía… y es que no hay nada mejor que irse a la cama a full de adrenalina.

    Llegamos todos como volvimos, así que terminamos de echar el último ratito del día en el Bar Sández antes de irnos todos a casa.

    Las impresiones fueron estupendas, el día lo merecio aunque con cuidado en rotondas debido a la arena acumulada de la lluvia y la tremenda cantidad de baches tanto en carreteras portuguesas como las españolas. 

Track google maps: 339 km.

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